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RESPIRAR PARA RELAJAR

Respirar es vida. Cada día inhalamos y exhalamos aire miles de veces. Pero pocas veces nos paramos a pensar en nuestra respiración. La respiración es regulada de forma automática por el cerebro y sufre alteraciones según la actividad que hacemos y nuestro estado emocional. Se vuelve más rápida o más lenta, más o menos profunda conforme si tenemos miedo o estamos tranquilos, si estamos excitados o relajados, si estamos enfadados o contentos.

Actualmente vivimos en un mundo acelerado que nos provoca tensión y estrés. Una respuesta al estrés es contener la respiración y poner rígido el tórax. Este bloqueo respiratorio puede convertirse en un hábito, restringiendo así la capacidad pulmonar natural y afectando al mismo tiempo la postura y la flexibilidad.

Una buena respiración oxigena mejor las células del cuerpo y hace más claras las ideas concebidas por el cerebro, que es el principal consumidor de oxígeno, volviéndolo apto para ejercer sus funciones. La respiración tiene además muchas funciones: moviliza los músculos de la caja torácica, flexibiliza el diafragma provocando un automasaje de los órganos internos, regula la circulación sanguínea y equilibra el sistema nervioso. El sueño se convierte en lo que debe ser: descanso.

Una persona sana, sosegada, alegre, respira a pleno pulmón. Por otra parte, la angustia, el miedo, la irritación, bloquean la respiración.

Para obtener un estado de calma es necesario aprender a controlar la respiración. Un buen control de la respiración es fuente de vida.

 

Consejos para una respiración de calidad:

  • De vez en cuando suspirad, haced bostezos.
  • Procurad dejar que el aire salga sin esfuerzo evitando el bloqueo de la respiración al hacer fuerza, experimentad tensión o dolor.
  • Si estáis nerviosos o angustiados y necesitáis controlar vuestra respiración, tomad conciencia de vuestra respiración: el ruido, el recorrido del aire, los movimientos de la caja torácica y del abdomen.

Ejercicios prácticos

  • Tumbaros y sentid la huella del cuerpo en el suelo. Prestad atención al movimiento respiratorio del tórax, de la barriga. Intentad relacionar la respiración con el resto del cuerpo. Qué movimiento sentís en las piernas, los brazos, en la pelvis … cuando entra el aire? Y cuando sale? Volved a comprobar la huella.
  • Poneos de lado e intentad dirigir el aire hacia aquellas zonas de la columna que os molestan, que están rígidas o necesitan relajarse.
  • Tumbaos en el suelo con las piernas flexionadas y escuchad el volumen de aire que está entrando y saliendo. Observad el movimiento del tórax superior, del tórax inferior y de la barriga. Intentad exagerar los movimientos, sin forzar la respiración. Volved a comprobar el volumen de aire que entra y sale.

 

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